Un smart contract puede costar desde unos pocos miles de euros (un token estándar bien desplegado) hasta cientos de miles (un protocolo completo con auditorías): el precio no lo marca el código, sino el riesgo que va a gestionar. Esta es la guía honesta de qué mueve la factura.
Los factores que mueven el precio
Complejidad funcional (un ERC-20 plano vs un ERC-3643 con identidad y reglas, vs lógica DeFi con oráculos), dinero en juego (custodiar fondos de terceros multiplica pruebas y revisión), integraciones (KYC, pasarelas, backends), la auditoría — que en contratos serios es partida propia, como explicamos en auditoría de smart contracts — y el mantenimiento: lo inmutable exige diseñar actualizabilidad y gobernanza desde el día uno.
Rangos orientativos (2026)
Token estándar con despliegue y pruebas serias: pocos miles. Emisión regulada con restricciones de transferencia e identidad: decenas de miles, auditoría aparte. Protocolo o plataforma con varios contratos, integraciones y auditoría externa: seis cifras. Cualquier presupuesto muy por debajo de su categoría está recortando exactamente donde no se debe: pruebas y revisión.
Dónde no ahorrar
Auditoría cuando hay fondos de terceros, tests de invariantes, y el diseño previo — el blueprint corto que valida qué contrato hace falta (a veces la respuesta honesta es «ninguno»). El código barato en cadena es el más caro del mundo: no se parchea en silencio.
Pide el presupuesto con esto
Alcance funcional escrito, quién audita, plan de despliegue y de actualización, y mantenimiento con nombres. Es el formato con el que trabajamos el desarrollo blockchain; cuéntanos tu caso y te damos rango real, no cebo.
